PEREGRINACIÓN A BUGOS Y AGUILAR DE CAMPOO

Terminado el curso, en torno al segundo domingo de julio, suele la Hermandad organizar un viaje de peregrinación para ver la exposición anual de Las Edades del Hombre, fundación de las diócesis de Castilla y León. En éste de 2018 se encuentra abierta en la villa palentina de Aguilar de Campoo y se programó el viaje con estación en Burgos a la ida y parada en Carrión de los Condes a la vuelta. También, como novedad, se añadió este año un día más, realizándose el viaje entre el 5 y el 8 de julio.

Según lo previsto, partió la expedición a las 7 horas del jueves 5 de julio, desde la parada de autobuses de la estación de ferrocarril. Rezó las preces el Hermano Mayor, Miguel Rodríguez-Pantoja. La primera parada se hizo para desayunar en Santa Cruz de Mudela, a las 9:30. A las 14:30 llegó la expedición al área Tudanca, en Aranda de Duero, donde tuvo lugar el almuerzo. Cuarenta minutos más tarde se emprendió la última etapa, que concluyó felizmente en Burgos a las 16:30, con llegada al Hotel Almirante Bonifaz.

A las 17:00 quedaron los peregrinos citados en el vestíbulo del hotel, donde esperaban el director de la agencia Medinalogo, Juan José Limón Luque, y la guía de turismo Loreto Esteban, encargada de enseñar Burgos aquella tarde. Partieron hacia la Catedral, recibiendo explicación de las diferentes esculturas modernas repartidas por el callejero burgalés, el monumento al Cid Campeador, el Paseo del Espolón y Arco de Santa María, que atravesaron para entrar en la plaza del Rey San Fernando, donde se alza la Catedral.

Tras la detenida visita al hermoso templo metropolitano de Santa María de Burgos, testigo de tantas páginas de nuestra historia política y artística, salieron por el claustro, para seguir el recorrido por el casco histórico, Plaza Mayor, Palacio del Condestable e iglesia de San Lesmes, terminando a las 20:15. La cena en el hotel tuvo lugar a las 21:00, concluyendo de este modo la jornada.

De nuevo en autobús, llegaron los hermanos a la Cartuja de Miraflores, cuya visita comenzó a las 12:15. Pudieron allí admirar las fantásticas obras maestras de Gil de Siloé, el retablo mayor y las tumbas de los reyes Juan II y Leonor de Plantagenet, y del infante Don Alfonso, hermano de Isabel la Católica. En el pequeño museo admiraron las obras allí expuestas, entre ellas la serie de cuadros dedicada a la Invención de la Santa Cruz. Finalmente se dirigieron los hermanos a la nueva capilla del Santísimo, habilitada en el claustro y adornada con un retablo en el que se ha colocado la magnífica imagen de San Bruno, de Manuel Pereira. El Hermano Mayor dirigió el rezo del Padrenuestro, teniendo los hermanos un momento de recogimiento.

A las 13:15 se despidieron los peregrinos de la guía Gloria Leonardo y prosiguieron viaje hasta Aguilar de Campoo, adonde llegaron a las 14:30. Les esperaba Juan José Limón para acompañarlos al restaurante Cortés, en la calle del Puente, lugar también del alojamiento.

Realizado el almuerzo, quedaron citados a las 16:30 a la puerta del hotel para comenzar la visita de la tarde, dedicada a la villa de Aguilar. Juan José Limón les presentó a la guía Paloma Jimena, residente en Aguilar de Campoo desde 2004, pero natural de Córdoba, lo que causó grata impresión a los hermanos; su familia se mantiene ligada a las hermandades del Santo Sepulcro y la Sagrada Cena.

Jimena demostró un profundo conocimiento tanto del urbanismo como del conjunto monumental que atesora la villa, ya sea desde el punto de vista histórico como artístico. A partir de las puertas del viejo cerco amurallado, llevó al grupo hasta la ribera del Pisuerga y desde allí, por el Paseo del Monasterio, hasta el antiguo cenobio premonstratense de Santa María la Real, actual instituto de Enseñanza Media y joya de la Fundación que lleva su nombre, impulsada por el arquitecto y escritor José María Pérez González, llamado Peridis.

Una vez terminada la visita al recuperado monasterio, siguió el recorrido por la calle del Puente hasta la Plaza Mayor, presidida por la Colegial de San Miguel, ahora sede de la e exposición Mons Dei, de Las Edades del Hombre. Explicó Jimena el exterior, así como distintas curiosidades heráldicas de las numerosas casonas blasonadas de los hidalgos, el barrio de la Judería y las restantes puertas de la villa. Se concluyó el recorrido a las 21:00, hora en que los peregrinos estaban citados para la cena, siempre en el restaurante Cortés. A las 23:30 se dio por concluida la jornada.

El tercer día, sábado 7 de julio, se dedicaría al conocimiento de las iglesias de la comarca. A las 9:15 esperaba la guía Dolores García Sanz, que ya había atendido a los hermanos en la peregrinación de 2016 en Valladolid. A las 9:30 partieron en autobús hacia Moarves de Ojeda, para admirar la importante potada románica de la iglesia de San Juan  Bautista, adornada con el Pantocrátor y los Apóstoles, una de las joyas del románico palentino.

A continuación se encaminaron al monasterio cisterciense de San Andrés de Arroyo, al que llegaron a las 10:30. Comenzó la visita por el conjunto de la iglesia, de sobria traza del Cister, cuyo ábside está presidido por la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, flanqueada por las de San Benito y San Bernardo; la separa hoy del coro una cristalera enmarcada por tres arcos apuntados. A las 11:00 iniciaron la visita a la clausura monacal, comenzando por la cilla y continuando por el hermoso claustro, al que abren las principales estancias, singularmente la vistosa sala capitular. Terminado el recorrido al filo de las 12:00, marcharon hacia el antiguo monasterio de Santa María de Mave, actualmente convertido en hotel.

La visita se vio algo dificultada por los preparativos musicales de una boda que se iba a celebrar a las 12:30. Al término de la visita los peregrinos saludaron a la novia, que seOlleros de Pisuerga dirigía a contraer nupcias. La siguiente estación fue en Olleros de Pisuerga, para visitar la iglesia rupestre dedicada a los santos Justo y Pastor. Configurada por tres ábsides y dos naves, se trata del centro de culto de un eremitorio repartido por la ladera del monte, del cual se conservan al menos dos “lauras” o cuevas de eremita, una de ellas con una torre encima, construida en el siglo XVII.

Terminada la ruta matutina volvió la expedición a Aguilar de Campoo a las 14:00 para almorzar un lechazo que les habían preparado en Cortés. A las 16:15 quedaron citados los hermanos con el fin de hacer un recorrido en torno al embalse de Aguilar, en cuyas proximidades se encuentran Mudá y Vallespinoso. Recalaron primero en la iglesia de San Cebrián de Mudá, dedicada a los santos Cornelio y Cipriano, templo gótico que conserva parte de la decoración pictórica mural del Cuatrocientos, debida al Maestro de San Felices. En Vallespinoso de Aguilar subieron a la ermita roquera de Santa Cecilia, a la que se ingresa por una cuidada portada románica; en el austero interior conserva una interesante colección de capiteles. Todo ello, unido a la belleza paisajística del enclave, contribuye a potenciar la singularidad de este edificio.

De regreso a Aguilar y de acuerdo con el programa, se dirigieron los hermanos al convento de Santa Clara. Eran las 18:45 y comenzaban a caer unas gotas desde un cielo amenazador. Asistieron al rezo de Vísperas y a la Santa Misa dominical. Al término de la Eucaristía los hermanos se acercaron a la reja del coro para entregar a la priora unas estampas y tríptico de nuestros Sagrados Titulares, comentando la superiora que ya tenían conocimiento de la imagen del Santo Cristo de la Universidad. Llovía con generosidad a la salida, pero previsoramente Juan José Limón había acercado el vehículo de Medinalogo para ir rescatando a los hermanos y dejarlos en el hotel.

Con la relajada cena a las 21:00 terminó la provechosa jornada, dedicada a conocer los ejemplos más relevantes del románico palentino en el entorno de Aguilar de Campoo y culminada por la Acción de Gracias en las Clarisas.

El domingo 8 de julio estaba reservado para visitar la exposición de las Edades y regresar a Córdoba. A las 8:30 desayunaron los peregrinos y recogieron el equipaje, quedando citados a las 9:15 para subir caminando a la ermita de Santa Cecilia, situada a la mitad del cerro donde se asienta el castillo de Aguilar. Esta subida tenía el significado del ascenso a Mons Dei, el Monte de Dios, que da nombre a la exposición este año.

La iglesia de Santa Cecilia, románica en origen, del siglo XII, con añadidos góticos en el XIII, acoge las tres primeras secciones de la exposición: el pórtico “Venite ascendamus” y los capítulos I “Levanto mis ojos a los montes” y II “Del Sinaí al santuario”. En el primero se muestra, por medio de bellos paisajes de artistas contemporáneos y alguno académico, el sentido que el monte ha tenido para todas las religiones, sintoísmo, hinduismo, budismo, taoísmo, islamismo y religiones precolombinas, todas ellas representadas con piezas significativas de lo que el monte supone para ellas. El segundo recorre los episodios bíblicos donde la altura, natural o artificial responde a la búsqueda de lo celeste o al encuentro con Dios; así la Torre de Babel o Noé en el monte Ararat, Abraham en el monte Moriah, Moisés en el Sinaí, hasta llegar al santuario de Jerusalén, en el monte Sión. Todo ello fue explicado con extraordinaria fluidez por la joven guía Amor Fernández.

Bajaron luego los peregrinos del monte camino de la Colegial de San Miguel, donde se halla la segunda parte de la exposición, que consta de cinco capítulos y una despedida: III “La nubecilla del Carmelo”, IV “Cristo, el monte de salvación”, V “Una ciudad puesta en lo alto de un monte”, VI “La subida al monte de perfección”, VII “Preparará el Señor para todos los pueblos en este monte un festín” y “Descendentibus de monte”. El III y el VI hacen clara referencia al ascenso espiritual que suponen la ascética y la mística, en tanto que el IV pone énfasis en los montes de Cristo, el de las Bienaventuranzas, el Tabor, los Olivos, el Calvario, etc.; destaca aquí el hermoso Crucificado de Pereira de San Juan de la Rabanera de Soria.

El V considera la institución de la Iglesia, nacida de la Eucaristía en el Cenáculo y allí mismo confirmada por el Espíritu en Pentecostés, o sea, la entrega de la Nueva Ley en un nuevo Sinaí que es el Monte Sión. Obras variadas, antiguas y modernas, ilustran este apartado, que inciden en la Palabra, oral y escrita, y en los Sacramentos. El VII refiere la gloria de los Santos, partícipes del banquete celestial, especialmente mártires, fundadores y reformadores; sobresalen la Santa Catalina de Siloé, de la capilla del Condestable de la catedral de Burgos, el San Sebastián del Greco, de la Catedral de Palencia y la potente Santa Isabel de Hungría de Gregorio Fernández, de las Clarisas de Valladolid. La segunda parte de la exposición fue explicada por el guía José Luis Saiz, que ya había acompañado a la Hermandad en las peregrinaciones de diciembre de 2015 a Oviedo y julio de 2016 a Ávila.

Tras un breve refrigerio, al filo de las 12:00, se despidieron los peregrinos del director de Medinalogo y dejaron Aguilar de Campoo para marchar a Carrión de los Condes, donde se encuentran las reliquias del mártir cordobés San Zoilo. Muerto en 304. Llegaron los hermanos al antiguo cenobio cluniacense poco antes de las 13:00. Entraron a la iglesia, donde el Hermano Mayor dirigió las preces ante la urna que contiene los restos del mártir. N. H. Alberto Villar explicó brevemente la historia del monasterio benedictino, que fue desamortizado, pasando luego a los jesuitas y finalmente a la Diócesis de Palencia, que lo tiene cedido al actual hotel. Se detuvieron en el bello claustro de Juan de Badajoz, del siglo XVI, y seguidamente en la galilea, con la portada recuperada del viejo templo románico y los sepulcros de la familia condal de los Banu Gómez, y, finalmente, llegaron a la sacristía, para contemplar los dos magníficos ejemplares de telas persa procedentes de Córdoba, que envolvieron las reliquias de San Zoilo en su traslado a Carrión hacia 1075.

A continuación tuvieron los peregrinos la comida de despedida en el Hotel Monasterio de San Zoilo. A las 15:15 iniciaron el regreso a Córdoba, que estuvo jalonado por las preceptivas paradas técnicas y una frugal colación en Santa Cruz de Mudela. A las 00:30 del lunes 9 de julio, tal como estaba programado, hicieron felizmente su entrada en Córdoba; con plácemes por el viaje, se despidieron hasta próxima ocasión. Laus Deo.

 

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