NUEVOS DOCTORES DE LA IGLESIA

El domingo 7 de octubre de 2012 ha proclamado Su Santidad el Papa Benedicto XVI dos nuevos Doctores de la Iglesia Universal, San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen. La Hermandad Universitaria, en el transcurso de la Misa de Hermandad de este primer domingo de octubre, presidida por el M. I. Sr. D. Fernando Cruz-Conde y Suárez de Tangil, se ha unido a la alegría de toda la Iglesia, recordando las virtudes de los dos grandes santos en la monición de entrada.

San Juan de Ávila (Almodóvar del Campo, Ciudad Real, 1500-Montilla, Córdoba, 1569), hijo de rica familia, inició estudios de Derecho en Salamanca y terminó los de Teología en Alcalá de Henares (1520-1526). Se ordenó recién fallecidos sus padres, vendiendo a continuación su copiosa herencia para dar el dinero a los pobres. En Sevilla, a donde marchó con idea de embarcar para América, el arzobispo Alonso Manrique le encomendó que se dedicara más bien a evangelizar Andalucía, misión que cumplió con enorme eficacia a lo largo de su vida restante, por lo que se le ha llamado justamente “Apóstol de Andalucía”.

Acusado de erasmismo, estuvo tres años preso en la cárcel de la Inquisición en Sevilla, tiempo que aprovechó para escribir su obra más conocida, el comentario del salmo 44, Audi, filia, libro del que arranca toda la literatura ascética del siglo XVI.El Padre Ávila corrigió el libro de la Vida, de Santa Teresa de Jesús, y recibió consultas de San Ignacio de Loyola, San Pedro de Alcántara, San Juan de Ribera y Fray Luis de Granada. Él impulsó la conversión de San Francisco de Borja y San Juan de Dios. En 1535 le encargó el obispo de Córdoba fray Juan Álvarez de Toledo la predicación por la Sierra de Córdoba, donde convirtió a muchos. A ruego del obispo Cristóbal de Rojas y Sandoval, escribió las Advertencias al Concilio de Toledo, que sirvieron de pauta para la implantación de la doctrina de Trento en España. Colaboró en la fundación de numerosos colegios de los jesuitas y organizó la Universidad de Baeza. A pesar de su enfermedad, siguió trabajando en Montilla los últimos quince años de su vida. Su primera biografía la redactó su discípulo fray Luis de Granada, en 1588. Fue beatificado por el Papa León XIII en 1894. Pío XII lo declaró patrón del clero secular español en 1946. Pablo VI lo declaró Santo en 1970 y Benedicto XVI lo ha proclamado doctor de la Iglesia Universal.

 Santa Hildegarda de Bingen (Bermersheim, Renania-Palatinado, 1098-Bingen, 1179), décima hija de Hildebert y Metchtild de Bermersheim, nobles alemanes que la ofrecieron como diezmo a la iglesia, se formó con Jutta von Spanheim en latín, música y Sagrada Escritura. Desde los tres años, Hildegarda tenía visiones, que serían una constante durante su larga vida, aunque siempre fueron experiencias conscientes, sin llegar al éxtasis. A los catorce años se trasladó con su maestra al monasterio de Disibodenberg, de monjes benedictinos, donde formaron una clausura femenina anexa. A la muerte de Jutta, en 1136, Hildegarda fue elegida abadesa.

En 1141 le sobrevinieron numerosas visiones y le ordenaron ponerlas por escrito, de donde surge su primer libro, Scivias (Conocer los caminos del Señor). Sus dudas sobre la necesidad de escribirlas motivaron una consulta a San Bernardo de Claraval, que le invitó a reconocer su don como una gracia. El Papa Eugenio III, discípulo de San Bernardo, dio lectura a parte del Scivias ante los padres del Sínodo de Tréveris, en 1147-48. Desde ese momento se convirtió la abadesa en consultora de numerosas personalidades, entre ellas los emperadores Conrado III y Federico I Barbarroja, los papas Eugenio III, Anastasio IV, Adriano IV y Alejandro III y los reyes de Inglaterra, Enrique II y Leonor de Aquitania. Esta capacidad de asesorar le valió el sobrenombre de Sibila del Rin.

A partir de 1148 funda el monasterio de benedictinas de Rupertsberg, cerca de Bingen y comienza su etapa más fructífera. Más de 70 piezas musicales, reunidas en la Symphonia armonie caelestium revelationum y el auto sacramental cantado Ordo virtutum; su tratado de medicina, Libro de las propiedades naturales de las cosas creadas, y Lingua Ignota, en que desarrolla un idioma artificial configurado por un alfabeto de 23 letras y un cuerpo de 1.000 palabras, que le ha valido el patronato de los esperantistas. Dos magnas obras teológicas Libro de los méritos de la vida y Libro de las Obras divinas, junto con las vidas de San Disibodo y San Ruperto, completan sus escritos Hace cuatro grandes viajes (1158-1171), predicando en iglesias, abadías y catedrales alemanas contra la corrupción del clero y contra la herejía de los cátaros. Fue la única mujer a la que la Iglesia permitió predicar.

Destruidas sus fundaciones, sus restos mortales se conservan actualmente en la parroquia de Eibingen. En 1940 se aprobó su culto para las iglesias locales; Juan Pablo II la llamó profetisa y santa y Benedicto XVI en 2012 extendió su culto a toda la Iglesia, mediante canonización equivalente, (10 de mayo) y la declaró Doctora de la Iglesia Universal (7 de octubre). Laus Deo.

 

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