PEREGRINACIÓN A LAS EDADES DEL HOMBRE

La Fundación Las Edades del Hombre ha organizado la XVIª exposición bajo el título de Passio (La Pasión), con sede en las dos conocidas Medinas de Valladolid: Medina de Rioseco y Medina del Campo. La importancia histórica de ambas poblaciones y su tradición en las celebraciones de Semana Santa ha movido a la Fundación a elegirlas como sede y a perfilar el contenido de la exposición del presente año de 2011.

La larga trayectoria de Las Edades del Hombre la avalan como la propuesta más importante de la Iglesia Española en las últimas décadas para unir fe y cultura. La cantidad de obras de arte o de edificios restaurados con motivo de las exposiciones a lo largo de estas dieciséis ediciones ha sido ingente y la oferta de catequesis para los miles de visitantes, extraordinaria. El mérito corresponde por entero a las Iglesias de Castilla y León.

Por tratarse de un asunto tan cercano a los intereses de las hermandades, así como una oportunidad de conocer la estética y modos de las cofradías castellanas, la Hermandad Universitaria ha decidido peregrinar a las Medinas. El grupo de hermanos llegó a Toro en la noche del 8 de julio de 2011, para hospedarse en el Monasterio de monjas dominicas de Sancti Spiritus. A la mañana siguiente partieron para Medina de Rioseco, haciendo una parada en Urueña. Esta pequeña localidad, que conserva casi en su totalidad el recinto amurallado, ha sido declarada Villa del Libro y convertida, por tanto, en un centro cultural en el que la literatura y la música dan vida a los viejos edificios. Visitaron la ermita románica de Santa María de la Anunciada, extramuros de la población, y la parroquial de Santa María del Azogue.

Llegados a Medina de Rioseco se dirigieron a la iglesia mayor de Santa María de Mediavilla, donde se detuvieron de manera especial en la capilla de los Benavente. A continuación se realizó la visita a la exposición Passio, instalada en la iglesia de Santiago de los Caballeros. Es de destacar el acierto de los comisarios en haber explicado el argumento de la exposición -la Pasión del Señor-, mediante la contemplación de obras del pasado y del presente, haciendo ver la universalidad del mensaje salvífico, interpretado según los criterios y sensibilidades de cada tiempo y condición, pero siempre al servicio de la fe. Así, obras excepcionales de Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández o Luis Salvador Carmona, son capaces de reclamar la atención con la misma fuerza que otras, no menos excelentes, de Ricardo Flecha, José Luis Alonso Coomonte, José Vela Zanetti o Francisco José Gómez Argüello Wirtz (Kiko Argüello). Digno de todo elogio es el cuidado que los organizadores han tenido, en ambas sedes, para que las explicaciones estén a cargo de historiadoras del arte, capaces de interpretar con conocimiento de causa y de modo ejemplar tanto los detalles plásticos como el sentido histórico y litúrgico o la significación iconográfica de las obras expuestas.

Siguiendo la programación del viaje, la tarde estuvo dedicada al Museo de la Semana Santa, magníficamente instalado en la iglesia de Santa Cruz, y a la iglesia de San Francisco, panteón de los Almirantes de Castilla, donde el espectro simulado de Don Fadrique Enríquez de Cabrera sirve de guía al visitante, en el marco de un espectáculo de luz y sonido, destinado a resaltar los valores artísticos de la histórica iglesia conventual. La figura en bronce del franciscano más ilustre de esta ciudad, Monseñor Fray Carlos, Cardenal Amigo Vallejo, recibe al visitante en el compás.

El domingo 10 de julio marcharon los peregrinos a Medina del Campo para girar visita, en primer lugar, a la antigua iglesia jesuítica de San Pedro y San Pablo, hoy de Santiago el Real, sede de la exposición Passio. Con la misma excelencia argumental, la exposición nos recibe con la caída de Adán, origen de la Redención, contrastando la Pasión cruenta de Cristo en el Calvario con la inmolación permanente del Cordero en la Eucaristía, pasando por la riqueza cultural de las celebraciones del Triduo Sacro, representada por los antiguos instrumentos que acompañaban a la liturgia, tales como tenebrario, campanas, carracas y matracas. Finalmente la exposición culmina en interpretaciones del Via Crucis, rematando en la hermosa tabla de la Resurrección, atribuida a Fernando Gallego.

Seguidamente los peregrinos asistieron a la Santa Misa en la Iglesia Colegial de San Antolín. Hizo la Primera Lectura y Salmo N. H. Juan Carlos Jiménez Díaz, secretario de la Hermandad, y una de las peticiones de la Oración de los Fieles, su hija, N. H. Inmaculada Jiménez Aranda. Tras la visita al Castillo de la Mota y al Palacio Balneario de las Salinas, la expedición emprendió el regreso a Córdoba, a donde llegó felizmente al filo de las 23:00 horas. Laus Deo.

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