ESTACIÓN DE PENITENCIA 2011

El jueves de Pasión, 14 de abril de 2011, tuvo lugar la estación de penitencia de la Hermandad Universitaria. En una noche primaveral, calmada y calurosa, salió a Córdoba por vez primera la venerada imagen del Santo Cristo de la Universidad. La expectación que había levantado esta salida se hizo patente en el numeroso público que llenaba la plaza del Cardenal Salazar y que acompañó a la Hermandad durante todo su recorrido.

Novedad importante era también este año el cambio de itinerario, motivado por las dimensiones del Santo Cristo, que hacían imposible la circulación por las estrecheces que presentaban las calles en determinados puntos vitales del recorrido de años anteriores. La Hermandad lamenta profundamente no poder hacer estación en los institutos donde la venía haciendo: Institución Teresiana de plaza de la Concha, Escolapias de Santa Victoria, Esclavas de San Juan de los Caballeros, Filipenses del Buen Pastor, así como las Hermandades que recibían a la comitiva al paso por sus sedes canónicas: el Santo Sepulcro y el Perdón. A todos agradece la Hermandad Universitaria su hospitalidad y deferencia en estos primeros años de su caminar.

El nuevo recorrido se centra en la parroquia de El Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, a la que pertenece la Iglesia de San Pedro de Alcántara, sede canónica de la Hermandad Universitaria desde su fundación. Discurre por las calles Cardenal Salazar, Romero, Deanes, Manríquez, Tomás Conde, Campo Santo de los Mártires, Amador de los Ríos, Triunfo, Corregidor Luis de la Cerda, Magistral González Francés, Santa Iglesia Catedral, Cardenal Herrero, plaza de la Judería, Deanes, Romero y plaza del Cardenal Salazar.

Como es habitual, antes de la estación, celebraron los hermanos la Santa Misa del Paso, presidida este año por el Vicario General de la Diócesis, Ilmo. Sr. D. Fernando Cruz-Conde y Suárez de Tangil. Al término de la celebración, el oficiante se incorporó a la procesión como preste, revestido con capa pluvial y acompañado por dos acólitos y cuatro seminaristas del Seminario Redemptoris Mater “Virgen de la Fuensanta”. Don Fernando Cruz-Conde dirigió igualmente la oración durante la estación en la iglesia de El Sagrario de la S. I. Catedral.  A todos ellos agradece la Hermandad su servicio en esta ocasión especialmente memorable.

Nos acompañaron en la estación de penitencia el Presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, D. Juan Bautista Villalba Cabello, la Hermandad del Via Crucis, representada por su Hermano Mayor, D. Santiago Góngora, y una delegación de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío, presidida por su Vice Hermana Mayor, Dª Rocío de la Calzada y Rodríguez de Austria. La Universidad estuvo representada por D. Juan Antonio Caballero, Vicerrector de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que ostentaba la representación del Rector, y por D. Eulalio Fernández Sánchez, Decano de la Facultad de Filosofía y Letras.

A las 10:00 de la noche se abrió la puerta de San Pedro de Alcántara, por la que saldría poco después la imponente imagen del Santo Cristo de la Universidad. En la plaza esperaba, entre el público allí reunido, su autor, el profesor Juan Manuel Miñarro, testigo de excepción en este momento único e irrepetible en la historia de la Hermandad. Le acompañaba su colaborador, el escultor Manuel Mazuecos, autor del mecanismo de elevación de la cruz, que asistió en las maniobras de la salida.

El Señor iba en un paso sobrio y austero, como corresponde al estilo de la Hermandad Universitaria, adornado con respiraderos de corte renacentista y cuatro candelabros de cedro, realizados sobre diseños de Hernán Ruiz el Joven; sobre ellos, cuatro hachones de cera pura color tiniebla. Los respiraderos están constituidos por un friso de roleos, rematado por cornisa de dentellones. Los roleos simulan el mar proceloso del mundo, en el que navegamos sin rumbo, a punto de perecer, y sobre el que emerge la única salvación posible: Jesucristo Redentor. Rodeando la mesa, en torno al pelado calvario de roca, se dispuso un friso de laurel, símbolo de la victoria sobre la muerte, matizado de estatis, flor duradera que indica la inmortalidad. El paso ha sido diseñado por la Hermandad, con roleos y candelabros de Rafael Lara, talla de Manuel García, barnizado de José Chanquet, herrajes de Antonio Aguado y bordados de Manuel Carrasco.

Tras un tramo de nazarenos, abierto por la cruz parroquial y cerrado por el estandarte y la presidencia, seguía el paso de Nuestra Señora de la Presentación, con su habitual elegancia, iluminada por los candelabros apostólicos y doctorales, adornado el paso con iris morados y helecho. Servían de escolta, como en ocasiones anteriores, los tunos, recuerdo de la antigua tradición universitaria. El cuerpo de acólitos estrenaba roquetes y portaba ciriales e incensarios de madera, de diseño renacentista. La Hermandad agradece al grupo joven de la Hermandad del Amor su inestimable colaboración en este servicio. Los pasos, llevados por costaleros, iban comandados por el capataz, N. H. Enrique Garrido Montero.

Al llegar al Campo Santo de los Mártires, lugar emblemático en la memoria histórica de la ciudad, donde dieron su vida los primeros testigos de nuestra fe, recibió con estandarte y varas la representación de la Hermandad de la Misericordia, que tiene como titulares a los Santos Mártires de Córdoba, presidida por su Hermano Mayor, D. Manuel Ramírez Pérez. Recitaron los hermanos del Silencio Blanco la hermosa Oración a los Mártires, ante el paso del Santo Cristo de la Universidad, al que ofrendaron un ramo de flores. La Hermandad Universitaria agradece su testimonio y compañía en esta ocasión tan especial, en el que nos honramos en recordar conjuntamente a quienes nos precedieron como testigos de la fe de Cristo.

En la calle Amador de los Ríos recibieron los seminaristas del Seminario Mayor de San Pelagio, que cantaron el bello soneto No me mueve mi Dios para quererte ante el Santo Cristo y el Stabat Mater ante Nuestra Señora. La estación culminó, cuando daban las 12.00, con la entrada en la Catedral de Santa María, por la puerta de Santa Catalina, obra de Hernán Ruiz el Joven, para enfrentar seguidamente la nave del Sagrario, por la que discurrió la cofradía con estampa inenarrable, reservada a muy pocos. Los hermanos adoraron al Santísimo, en el corazón de su parroquia, y continuaron hasta su entrada en San Pedro de Alcántara, adonde llegó la cruz de guía a la 01.00 del Viernes de Dolores.

Sonaron algunas saetas, fruto del amor del pueblo, quedó en la memoria la esquila del muñidor y se cerró la puerta tras el manto de Nuestra Señora, para poner fin, con las preces del Hermano Mayor, a una estación de especial solemnidad, en la que por primera vez salió a Córdoba la imagen del Santo Cristo de la Universidad. Que el Señor bendiga a todos cuantos nos han acompañado, a cuantos han colaborado calladamente para que pudiera realizarse dignamente la estación, a cuantos vinieron a verla de otros lugares y a quienes no pudieron hacerlo y estuvieron presentes con sus oraciones. Laus Deo.

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